¿Dónde quedó el cambio?
- Andres Saavedra
- hace 2 días
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Cuando Petro llegó al poder, las expectativas eran altísimas. No solo porque era el primer presidente de izquierda en la historia reciente del país, sino porque el discurso del “cambio” y la “paz” había calado en cada barrio. La gente quería un gobierno que de verdad hiciera las cosas distinto, que gobernara con la gente y para la gente, y que dejara atrás las transacciones políticas que el propio Petro había criticado durante años.
Quienes vivimos en el suroccidente colombiano incluso llegamos a soñar que, por primera vez en mucho tiempo, la vía Panamericana estaría tranquila. Sin bloqueos. Que la paz por fin llegaría a esa ruralidad que siempre ha pagado los platos rotos. Yo no voté por él en 2022, pero esa ilusión también la sentí.
Y qué decir de los miles de jóvenes que venían trabajando desde años atrás en ese proyecto. Muchos creyeron (de buena fe) que Petro era la solución real para Colombia. Cuando llegó la victoria, pensaron que tanto esfuerzo por fin daba frutos. Pero la realidad fue otra.
El Petro presidente no fue el mismo Petro senador que denunciaba la politiquería. Al principio intentó formar un gobierno amplio, con gente de distintas corrientes. Poco a poco, sin embargo, esas figuras fueron saliendo una a una. Y empezó a repetirse la misma queja que todavía se escucha: no hay comunicación con el presidente. Ni siquiera los ministros logran hablar con él directamente. Así es muy difícil gobernar.
Después llegaron los ataques a la prensa, la contratación desmedida, los agravios de la vicepresidenta Francia Márquez, el comportamiento errático de algunos funcionarios, las peleas constantes con el Congreso y los mensajes de madrugada que alteran la tranquilidad de medio país. A eso se suman los cuestionamientos por viajes, por posibles dineros irregulares en la campaña y por actuaciones de la familia presidencial.
Son muchos los hechos. Demasiados para listarlos todos aquí.Pero quizás lo más grave y desilusionante fue ver confirmada exactamente la misma práctica que tanto se criticó: las componendas entre el Ejecutivo y el Legislativo. No solo en burocracia, sino también en contratación, con intercambios de favores a cambio de apoyos políticos.
Ese fue el golpe más duro.
Porque lo que durante años se denunció terminó repitiéndose —e incluso agravándose— en el propio gobierno del “cambio”. Y con eso se rompió la confianza de muchos que no querían ver a un gobierno de izquierda caer en las mismas trampas que tanto había señalado.
Entonces, ¿dónde quedó el cambio? Para muchos, solo fue un discurso de campaña. Una vez en el poder, volvieron las mismas prácticas clientelistas que tanto daño le han hecho al país. Y hoy, en plena nueva temporada electoral, el gasto público sigue creciendo y las decisiones parecen responder más a intereses políticos que al bienestar de la gente. Pero no todo está perdido.
Los ciudadanos que sí queremos un Colombia mejor tenemos que mantenernos firmes. Unidos, respetando las diferencias, elevando el debate y apostándole de verdad a un país distinto. Porque si nos rendimos, si caemos en la misma confrontación y desconfianza, ellos ganan y Colombia pierde.



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